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¿De dónde salió lo vintage?

El amor por el pasado y lo vintage no es algo nuevo. A lo largo del tiempo hemos podido ver otros ejemplos de ello. Durante el s.XIX, no debemos olvidarnos del Estilo Imperio, con el que la moda se inspiró en el vestuario de la antigua Roma.

Vintage, como término inglés, proviene del francés vendange: palabra que se refiere a literalmente “un buen vino”, refiriéndose a su añada. Así, vintage, es aquel producto que, como el buen vino, no pierde sino que gana con los años.

A veces se confunden los términos “vintage” y “retro”. Lo retro, a diferencia de lo vintage, se refiere a productos que no son necesariamente antiguos sino que evocan al pasado de alguna forma, como los tocadiscos modernos que se venden hoy en día.

Aunque distintos, lo retro y lo vintage, comparten la misma piedra angular de su éxito: la nostalgia. En el contexto en el que nos encontramos, de crisis e incertidumbre, donde el tiempo avanza tan rápido; el refugio en el pasado es lo único predecible. El futuro está pasado de moda, la innovación compite ahora en el terreno del remake y del reboot

Los objetos vintage tienen el aura de lo auténtico, un aire genuino, un pedazo de historia adherido a ellos. ¿Será por ello que estamos dispuestos a pagar precios más altos en este tipo de productos?


¿Es otra moda pasajera?

La fiebre vintage empezó a convertirse en tendencia en 2013 aproximadamente. Hoy en día, 4 años más tarde, sigue en auge.

Podríamos creer que la nostalgia pasará de moda en las próximas generaciones, que ya no tendrán recuerdos que rescatar. Los millenials son esa generación que desmiente esa afirmación, ya que forman una comunidad de clientes potenciales de lo vintage muy numerosa.

Los millenials no compran tanto para recuperar aquello que han vivido, sino para revivificar un pasado que parece más sencillo y acogedor que la época actual de la inmediatez digital, donde el consumidor generalmente desconoce el funcionamiento y fabricación de los productos que compra. La tendencia de los handmade, los productos de km0 y eco-friendly complementan las tendencias millenials.

Tiene pinta de que esta tendencia ha llegado para quedarse más tiempo y ofrecer a las PYMES oportunidades para competir con las grandes corporaciones a través de sus productos vintage.

Las cámaras Polaroid, Nintendo o Nokia son un grande evocadores de lo vintage. Sin embargo, los hipsters, otro sector juvenil de clientes potenciales, rechaza grandes marcas. Prefieren los productos poco conocidos, en ocasiones hasta lo artesanal. En general, suelen comprar en pequeñas y medianas empresas ya que son las que más pueden y suelen ofrecer productos vintage y no retro.

Gracias a ellos, las baldosas de inspiración hidráulica, los mosaicos y los muebles-licorera han vuelto a tomar espacio. Transistores, radios vintage, máquinas de escribir, de coser, incluso los coches antiguos y las bicicletas clásicas vuelven a estar de moda. No obstante, aunque estos productos del pasado atraen a todo el mundo, en muchas ocasiones no son aptos para todos los bolsillos; la exclusividad que prometen también se refleja en la cifra que hay que pagar para adquirirlos.

¿Y tú? ¿Te unes a la fiebre de la nostalgia?

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